CAPÍTULO VIII.
Los Planos de Correspondencia.
«Como arriba, así abajo; como abajo, así arriba».—El Kybalion.
El gran Segundo Principio Hermético encierra la verdad de que existe una armonía, concordancia y correspondencia entre los diversos planos de Manifestación, Vida y Ser. Esta verdad es una verdad porque todo cuanto está incluido en el Universo emana de la misma fuente, y las mismas leyes, principios y características se aplican a cada unidad, o combinación de unidades de actividad, al manifestar cada una sus propios fenómenos en su propio plano.
Para facilitar el pensamiento y el estudio, la Filosofía Hermética considera que el Universo puede dividirse en tres grandes clases de fenómenos, conocidas como los Tres Grandes Planos, a saber:
I. El Gran Plano Físico.
II. El Gran Plano Mental.
III. El Gran Plano Espiritual.
Estas divisiones son más o menos artificiales y arbitrarias, pues la verdad es que las tres divisiones no son sino grados ascendentes de la gran escala de la Vida, cuyo punto más bajo es la Materia indiferenciada, y cuyo punto más alto es el del Espíritu. Y, además, los diferentes Planos se funden gradualmente unos con otros, de modo que no puede establecerse ninguna división rígida y tajante entre los fenómenos superiores del Físico y los inferiores del Mental; o entre los superiores del Mental y los inferiores del Físico.
En suma, los Tres Grandes Planos pueden considerarse como tres grandes grupos de grados de Manifestación de la Vida. Si bien los propósitos de este pequeño libro no nos permiten entrar en una extensa discusión o explicación del asunto de estos diferentes planos, creemos, no obstante, conveniente ofrecer aquí una descripción general de los mismos.
Para comenzar, bien podemos considerar la pregunta que tan a menudo hace el neófito que desea informarse acerca del significado de la palabra «Plano», término que se ha empleado con suma libertad y se ha explicado muy deficientemente en muchas obras recientes sobre el asunto del ocultismo. La pregunta suele ser poco más o menos la siguiente: «¿Es un Plano un lugar que tiene dimensiones, o es meramente una condición o estado?». Respondemos: «No, no es un lugar, ni una dimensión ordinaria del espacio; y, sin embargo, es más que un estado o condición. Puede considerarse como un estado o condición, y, sin embargo, ese estado o condición es un grado de dimensión, en una escala susceptible de medición». Algo paradójico, ¿no es así? Pero examinemos el asunto. Una «dimensión», como sabéis, es «una medida en línea recta, relativa a la medida», etc. Las dimensiones ordinarias del espacio son longitud, anchura y altura, o quizá longitud, anchura, altura, espesor o circunferencia. Pero existe otra dimensión de las «cosas creadas», o «medida en línea recta», conocida por los ocultistas y también por los hombres de ciencia, aunque estos últimos no le han aplicado todavía el término «dimensión»; y esta nueva dimensión, que, por cierto, es la «Cuarta Dimensión» acerca de la cual tanto se ha especulado, es el patrón empleado para determinar los grados o «planos».
Esta Cuarta Dimensión puede llamarse «la Dimensión de la Vibración». Es un hecho bien conocido por la ciencia moderna, así como por los hermetistas, que han encerrado esta verdad en su «Tercer Principio Hermético», que «todo está en movimiento; todo vibra; nada está en reposo». Desde la manifestación más elevada hasta la más baja, todo y todas las cosas Vibran. No sólo vibran a diferentes velocidades de movimiento, sino también en diferentes direcciones y de diferente manera. Los grados de la «velocidad» de las vibraciones constituyen los grados de medición en la Escala de Vibraciones; en otras palabras, los grados de la Cuarta Dimensión. Y estos grados forman lo que los ocultistas llaman «Planos». Cuanto más elevado es el grado de velocidad de vibración, tanto más elevado es el plano, y tanto más elevada la manifestación de Vida que ocupa ese plano. De modo que, si bien un plano no es «un lugar», ni tampoco «un estado o condición», posee, sin embargo, cualidades comunes a ambos. Tendremos más que decir acerca del asunto de la escala de Vibraciones en nuestras próximas lecciones, en las cuales consideraremos el Principio Hermético de Vibración.
Tened a bien recordar, sin embargo, que los Tres Grandes Planos no son divisiones reales de los fenómenos del Universo, sino meramente términos arbitrarios empleados por los hermetistas para ayudar al pensamiento y al estudio de los diversos grados y formas de la actividad y la vida universales. El átomo de materia, la unidad de fuerza, la mente del hombre y el ser del arcángel no son todos sino grados en una sola escala, y todos son fundamentalmente lo mismo, siendo la diferencia entre ellos únicamente cuestión de grado y de velocidad de vibración: todos son creaciones de EL TODO, y tienen su existencia únicamente dentro de la Mente Infinita de EL TODO.
Los hermetistas subdividen cada uno de los Tres Grandes Planos en Siete Planos Menores, y cada uno de estos últimos se subdivide también en siete subplanos, siendo todas las divisiones más o menos arbitrarias, fundiéndose gradualmente unas con otras, y adoptadas meramente para facilitar el estudio y el pensamiento científicos.
El Gran Plano Físico, con sus Siete Planos Menores, es aquella división de los fenómenos del Universo que incluye todo lo que se relaciona con la física, o con las cosas, fuerzas y manifestaciones materiales. Incluye todas las formas de aquello que llamamos Materia, y todas las formas de aquello que llamamos Energía o Fuerza. Pero debéis recordar que la Filosofía Hermética no reconoce la Materia como una «cosa en sí», ni como algo que tenga una existencia separada, ni aun en la Mente de EL TODO. Las Enseñanzas sostienen que la Materia no es sino una forma de Energía; es decir, Energía con una baja velocidad de vibraciones de cierta clase. Y, en consecuencia, los hermetistas clasifican la Materia bajo el encabezamiento de Energía, y le asignan tres de los Siete Planos Menores del Gran Plano Físico.
Estos Siete Planos Físicos Menores son los siguientes:
I. El Plano de la Materia (A).
II. El Plano de la Materia (B).
III. El Plano de la Materia (C).
IV. El Plano de la Sustancia Etérea.
V. El Plano de la Energía (A).
VI. El Plano de la Energía (B).
VII. El Plano de la Energía (C).
El Plano de la Materia (A) comprende las formas de la Materia en su forma de sólidos, líquidos y gases, tal como las reconocen generalmente los libros de texto de física. El Plano de la Materia (B) comprende ciertas formas más elevadas y más sutiles de Materia cuya existencia la ciencia moderna apenas ahora empieza a reconocer, perteneciendo los fenómenos de la Materia Radiante, en sus fases de radio, etc., a la subdivisión inferior de este Plano Menor. El Plano de la Materia (C) comprende formas de la Materia más sutil y tenue, cuya existencia no sospechan los hombres de ciencia ordinarios. El Plano de la Sustancia Etérea comprende aquello de lo que la ciencia habla como «El Éter», una sustancia de extrema tenuidad y elasticidad, que penetra todo el Espacio Universal y actúa como medio para la transmisión de ondas de energía, tales como la luz, el calor, la electricidad, etc. Esta Sustancia Etérea forma un eslabón entre la Materia (así llamada) y la Energía, y participa de la naturaleza de ambas. Las Enseñanzas Herméticas, sin embargo, enseñan que este plano tiene siete subdivisiones (como las tienen todos los Planos Menores), y que en realidad existen siete éteres, en vez de uno solo.
Inmediatamente por encima del Plano de la Sustancia Etérea viene el Plano de la Energía (A), que comprende las formas ordinarias de Energía conocidas por la ciencia, siendo sus siete subplanos, respectivamente, Calor; Luz; Magnetismo; Electricidad, y Atracción (incluidas la Gravitación, la Cohesión, la Afinidad Química, etc.) y varias otras formas de energía indicadas por los experimentos científicos, pero aún no denominadas ni clasificadas. El Plano de la Energía (B) comprende siete subplanos de formas superiores de energía aún no descubiertas por la ciencia, pero que han sido llamadas «Las Fuerzas Más Sutiles de la Naturaleza» y que se ponen en acción en las manifestaciones de ciertas formas de fenómenos mentales, y por cuyo medio tales fenómenos se hacen posibles. El Plano de la Energía (C) comprende siete subplanos de energía tan altamente organizada que presenta muchas de las características de la «vida», pero que no es reconocida por las mentes de los hombres en el plano ordinario de desarrollo, estando disponible únicamente para el uso de los seres del Plano Espiritual; semejante energía es inconcebible para el hombre ordinario, y puede considerarse casi como «el poder divino». Los seres que la emplean son como «dioses» comparados aun con los tipos humanos más elevados que conocemos.
El Gran Plano Mental comprende aquellas formas de «seres vivientes» que conocemos en la vida ordinaria, así como ciertas otras formas no tan bien conocidas salvo por el ocultista. La clasificación de los Siete Planos Mentales Menores es más o menos satisfactoria y arbitraria (a menos que vaya acompañada de explicaciones minuciosas que son ajenas al propósito de esta obra en particular), pero bien podemos mencionarlos. Son los siguientes:
I. El Plano de la Mente Mineral.
II. El Plano de la Mente Elemental (A).
III. El Plano de la Mente Vegetal.
IV. El Plano de la Mente Elemental (B).
V. El Plano de la Mente Animal.
VI. El Plano de la Mente Elemental (C).
VII. El Plano de la Mente Humana.
El Plano de la Mente Mineral comprende los «estados o condiciones» de las unidades o entidades, o de los grupos y combinaciones de las mismas, que animan las formas que conocemos como «minerales, sustancias químicas, etc.». Estas entidades no deben confundirse con las moléculas, átomos y corpúsculos mismos, siendo estos últimos meramente los cuerpos o formas materiales de estas entidades, así como el cuerpo de un hombre no es sino su forma material y no «él mismo». Estas entidades pueden llamarse «almas» en un sentido, y son seres vivientes de un bajo grado de desarrollo, vida y mente: apenas un poco más que las unidades de «energía viviente» que comprenden las subdivisiones superiores del Plano Físico más elevado. La mente común no suele atribuir la posesión de mente, alma o vida al reino Mineral, pero todos los ocultistas reconocen la existencia de las mismas, y la ciencia moderna avanza rápidamente hacia el punto de vista del hermetista a este respecto. Las moléculas, átomos y corpúsculos tienen sus «amores y odios»; sus gustos y disgustos; sus «atracciones y repulsiones»; sus «afinidades y no afinidades», etc., y algunas de las mentes científicas modernas más audaces han expresado la opinión de que el deseo y la voluntad, las emociones y los sentimientos de los átomos sólo difieren en grado de los de los hombres. No tenemos tiempo ni espacio para discutir aquí este asunto. Todos los ocultistas saben que es un hecho, y a los demás se los remite a algunas de las obras científicas más recientes para obtener corroboración externa. Este plano tiene las siete subdivisiones habituales.
El Plano de la Mente Elemental (A) comprende el estado o condición, y el grado de desarrollo mental y vital de una clase de entidades desconocidas para el hombre común, pero reconocidas por los ocultistas. Son invisibles para los sentidos ordinarios del hombre, pero, no obstante, existen y desempeñan su papel en el Drama del Universo. Su grado de inteligencia se encuentra entre el de las entidades minerales y químicas, por una parte, y el de las entidades del reino vegetal, por la otra. Este plano tiene también siete subdivisiones.
El Plano de la Mente Vegetal, en sus siete subdivisiones, comprende los estados o condiciones de las entidades que componen los reinos del Mundo Vegetal, cuyos fenómenos vitales y mentales son bastante bien comprendidos por la persona de inteligencia media, habiéndose publicado durante la última década muchas obras científicas nuevas e interesantes acerca de la «Mente y Vida en las Plantas». Las plantas tienen vida, mente y «almas», al igual que los animales, el hombre y el superhombre.
El Plano de la Mente Elemental (B), en sus siete subdivisiones, comprende los estados y condiciones de una forma superior de entidades «elementales» o invisibles, que desempeñan su papel en la obra general del Universo, y cuya mente y vida forman parte de la escala entre el Plano de la Mente Vegetal y el Plano de la Mente Animal, participando estas entidades de la naturaleza de ambos.
El Plano de la Mente Animal, en sus siete subdivisiones, comprende los estados y condiciones de las entidades, seres o almas que animan las formas animales de vida, familiares para todos nosotros. No es necesario entrar en detalles acerca de este reino o plano de vida, pues el mundo animal nos es tan familiar como el nuestro propio.
El Plano de la Mente Elemental (C), en sus siete subdivisiones, comprende aquellas entidades o seres, invisibles como lo son todas esas formas elementales, que participan de la naturaleza tanto de la vida animal como de la humana en cierto grado y en ciertas combinaciones. Las formas más elevadas son semihumanas en inteligencia.
El Plano de la Mente Humana, en sus siete subdivisiones, comprende aquellas manifestaciones de vida y mentalidad que son comunes al Hombre, en sus diversos grados, niveles y divisiones. A este respecto, deseamos señalar el hecho de que el hombre medio de hoy ocupa tan solo la cuarta subdivisión del Plano de la Mente Humana, y únicamente los más inteligentes han cruzado los límites de la Quinta Subdivisión. A la raza le ha llevado millones de años alcanzar esta etapa, y le llevará muchos años más avanzar hasta las subdivisiones sexta y séptima, y más allá. Pero recordad que ha habido razas anteriores a nosotros que han pasado por estos grados, y luego han avanzado a planos superiores. Nuestra propia raza es la quinta (con rezagados de la cuarta) que ha puesto el pie en El Sendero. Y, además, hay unas pocas almas adelantadas de nuestra propia raza que han dejado atrás a las masas y han pasado a las subdivisiones sexta y séptima, y unas pocas se hallan aún más adelante. El hombre de la Sexta Subdivisión será «El Superhombre»; el de la Séptima será «El Sobrehombre».
En nuestra consideración de los Siete Planos Mentales Menores, nos hemos referido a los Tres Planos Elementarios tan solo de un modo general. No deseamos entrar en los detalles de este asunto en la presente obra, pues no pertenece a esta parte de la filosofía y las enseñanzas generales. Pero podemos decir esto, a fin de daros una idea algo más clara de las relaciones de estos planos con los más familiares: los Planos Elementarios guardan con los Planos de la Mentalidad y la Vida Mineral, Vegetal, Animal y Humana la misma relación que las teclas negras del piano guardan con las blancas. Las teclas blancas bastan para producir música, pero hay ciertas escalas, melodías y armonías en las que las teclas negras desempeñan su papel, y en las que su presencia es necesaria. También son necesarios como «eslabones de enlace» de la condición del alma; los estados de las entidades, etc., entre los diversos otros planos, alcanzándose en ellos ciertas formas de desarrollo; este último hecho arroja, para el lector que sabe «leer entre líneas», una nueva luz sobre los procesos de la Evolución, y le da una nueva llave para la puerta secreta de los «saltos de la vida» entre reino y reino. Los grandes reinos de los Elementales son plenamente reconocidos por todos los ocultistas, y los escritos esotéricos están llenos de menciones de ellos. Los lectores de «Zanoni», de Bulwer, y de relatos semejantes reconocerán a las entidades que habitan estos planos de vida.
Al pasar del Gran Plano Mental al Gran Plano Espiritual, ¿qué diremos? ¿Cómo podemos explicar estos estados superiores de Ser, Vida y Mente a mentes todavía incapaces de captar y comprender las subdivisiones superiores del Plano de la Mente Humana? La tarea es imposible. Solo podemos hablar en los términos más generales. ¿Cómo se puede describir la Luz a un hombre ciego de nacimiento; cómo el azúcar, a un hombre que jamás ha probado nada dulce; cómo la armonía, a uno que nació sordo?
Todo cuanto podemos decir es que los Siete Planos Menores del Gran Plano Espiritual (teniendo cada Plano Menor sus siete subdivisiones) comprenden Seres que poseen Vida, Mente y Forma tan por encima de las del Hombre de hoy como las de este se hallan por encima de las de la lombriz de tierra, el mineral o incluso ciertas formas de Energía o Materia. La Vida de estos Seres trasciende de tal modo la nuestra, que ni siquiera podemos pensar en sus detalles; sus Mentes trascienden de tal modo las nuestras, que a ellos apenas les parece que «pensemos», y nuestros procesos mentales les parecen casi afines a los procesos materiales; la Materia de que están compuestas sus formas pertenece a los Planos más elevados de la Materia; más aún, de algunos se dice incluso que están «revestidos de Energía Pura». ¿Qué puede decirse de tales Seres?
En los Siete Planos Menores del Gran Plano Espiritual existen Seres de los que podemos hablar como Ángeles; Arcángeles; Semidioses. En los Planos Menores inferiores moran aquellas grandes almas a las que llamamos Maestros y Adeptos. Por encima de ellos vienen las Grandes Jerarquías de las Huestes Angélicas, inconcebibles para el hombre; y por encima de estas vienen aquellos a quienes sin irreverencia puede llamarse «Los Dioses», tan alto se hallan en la escala del Ser, siendo su ser, inteligencia y poder afines a los que las razas de los hombres atribuyen a sus concepciones de la Deidad. Estos Seres se hallan más allá incluso de los más altos vuelos de la imaginación humana, siendo la palabra «Divino» la única que les es aplicable. Muchos de estos Seres, así como la Hueste Angélica, se toman el mayor interés por los asuntos del Universo y desempeñan un papel importante en sus asuntos. Estas Divinidades Invisibles y estos Auxiliadores Angélicos extienden su influencia libre y poderosamente en el proceso de la Evolución y del Progreso Cósmico. Su intervención y ayuda ocasionales en los asuntos humanos han dado origen a las muchas leyendas, creencias, religiones y tradiciones de la raza, pasadas y presentes. Han superpuesto su conocimiento y poder al mundo, una y otra vez, todo ello bajo la Ley de EL TODO, por supuesto.
Pero, aun así, hasta los más elevados de estos Seres adelantados existen meramente como creaciones de la Mente de EL TODO, y en ella, y están sujetos a los Procesos Cósmicos y las Leyes Universales. Son todavía Mortales. Podemos llamarlos «dioses» si nos place, pero aun así no son sino los Hermanos Mayores de la Raza: las almas adelantadas que han dejado atrás a sus hermanos y que han renunciado al éxtasis de la Absorción por EL TODO, a fin de ayudar a la raza en su viaje ascendente por El Sendero. Pero pertenecen al Universo y están sujetos a sus condiciones: son mortales, y su plano está por debajo del del Espíritu Absoluto.
Solo los hermetistas más adelantados son capaces de captar las Enseñanzas Internas relativas al estado de existencia y a los poderes manifestados en los Planos Espirituales. Los fenómenos son tan superiores a los de los Planos Mentales que de un intento de describirlos resultaría con seguridad una confusión de ideas. Solo aquellos cuyas mentes han sido cuidadosamente adiestradas durante años conforme a los lineamientos de la Filosofía Hermética —sí, aquellos que han traído consigo de otras encarnaciones el conocimiento adquirido anteriormente— pueden comprender exactamente lo que se quiere decir con la Enseñanza relativa a estos Planos Espirituales. Y gran parte de estas Enseñanzas Internas es considerada por los hermetistas demasiado sagrada, importante e incluso peligrosa para su difusión entre el público en general. El estudiante inteligente puede reconocer lo que queremos decir con esto cuando declaramos que el significado de «Espíritu», tal como lo emplean los hermetistas, es afín a «Poder Viviente»; «Fuerza Animada»; «Esencia Interior»; «Esencia de la Vida», etc., significado que no debe confundirse con el que habitual y comúnmente se emplea en relación con el término, es decir, «religioso; eclesiástico; espiritual; etéreo; santo», etc., etc. Para los ocultistas la palabra «Espíritu» se emplea en el sentido de «El Principio Animador», llevando consigo la idea de Poder, Energía Viviente, Fuerza Mística, etc. Y los ocultistas saben que aquello que conocen como «Poder Espiritual» puede emplearse tanto para fines malos como buenos (de acuerdo con el Principio de Polaridad), hecho que ha sido reconocido por la mayoría de las religiones en sus concepciones de Satán, Belcebú, el Diablo, Lucifer, los Ángeles Caídos, etc. Y así, el conocimiento relativo a estos Planos se ha guardado en el Sanctasanctórum de todas las Fraternidades Esotéricas y Órdenes Ocultas, en la Cámara Secreta del Templo. Pero puede decirse aquí que a aquellos que han alcanzado elevados poderes espirituales y han hecho mal uso de ellos les aguarda un Destino terrible, y la oscilación del péndulo del Ritmo los llevará inevitablemente de vuelta al extremo más lejano de la existencia Material, desde cuyo punto deberán volver sobre sus pasos hacia el Espíritu, a lo largo de los fatigosos recorridos de El Sendero, pero siempre con la tortura añadida de llevar siempre consigo un persistente recuerdo de las alturas desde las que cayeron debido a sus malas acciones. Las leyendas de los Ángeles Caídos tienen fundamento en hechos reales, como saben todos los ocultistas adelantados. El afán de poder egoísta en los Planos Espirituales tiene inevitablemente por resultado que el alma egoísta pierda su equilibrio espiritual y retroceda tanto como antes había ascendido. Pero incluso a tal alma se le da la oportunidad de regresar, y tales almas hacen el viaje de regreso, pagando la terrible pena conforme a la Ley invariable.
Para concluir, quisiéramos recordaros de nuevo que, según el Principio de Correspondencia, que encarna la verdad: «Como es Arriba, así es Abajo; como es Abajo, así es Arriba», todos los Siete Principios Herméticos se hallan en plena operación en todos los múltiples planos, Físicos, Mentales y Espirituales. El Principio de Sustancia Mental se aplica, por supuesto, a todos los planos, pues todos están contenidos en la Mente de EL TODO. El Principio de Correspondencia se manifiesta en todos, pues hay una correspondencia, armonía y concordancia entre los diversos planos. El Principio de Vibración se manifiesta en todos los planos; de hecho, las diferencias mismas que constituyen los «planos» surgen de la Vibración, como hemos explicado. El Principio de Polaridad se manifiesta en cada plano, siendo los extremos de los Polos aparentemente opuestos y contradictorios. El Principio de Ritmo se manifiesta en cada Plano, teniendo el movimiento de los fenómenos su reflujo y flujo, ascenso y flujo, entrada y salida. El Principio de Causa y Efecto se manifiesta en cada Plano, teniendo todo Efecto su Causa y toda Causa su efecto. El Principio de Género se manifiesta en cada Plano, estando la Energía Creadora siempre manifiesta y obrando conforme a sus Aspectos Masculino y Femenino.
«Como Arriba, así Abajo; como Abajo, así Arriba». Este axioma hermético, de siglos de antigüedad, encierra uno de los grandes Principios de los Fenómenos Universales. A medida que avancemos en nuestra consideración de los Principios restantes, veremos aún más claramente la verdad de la naturaleza universal de este gran Principio de Correspondencia.
Traducción realizada con inteligencia artificial. Edición: The Kybalion, The Yogi Publication Society, Chicago, 1908; transcripción de Wikisource cotejada con facsímil archivado. Volver a la obra